Un día le dan un diploma por haber sido buen tipo. El diploma dice: "Gracias por ser como sos". Cuestión que él y su esposa Anna salen a festejar el éxito. Van a un tenedor libre. En un momento, ya sobre el final de la velada, Bruce Willis va con su plato hacia la mesa dulce y le pide al tipo que atiende: "Sí, a ver, dame dos panqueques flambeados con dulce de leche", pero el otro le responde que no, que ese no es día de panqueques flambeados con dulce de leche. Todo mal. Al rato él y su mujer regresan a casa. "Estoy que esploto", dice Bruce Willis, "quedé pipón-pipón... Me voy a echar un sueñito". Ella, obviamente, se queda con las ganas de efectuar un festejo íntimo. En eso se escucha un ruido así como de vidrios que se rompen. "Vení, vení a ver, negra", grita Bruce Willis. "Se metió un loco por la ventana me parece, traé la perdigonera que lo coso a tiros, lo coso".
"Además, esa pistola seguro es de cebitas". El loco, enfurecido, responde "Sí, sí, es de cebitas, me la prestó él... Sebitas". Cuac. Ahí cae Anna, la mujer de Bruce y queda paralizada por el miedo que le produce el extraño. Éste le dice a Bruce Willis, apuntándolo con el arma: "Vos... yo estaba en quinto año cuando te conocí. Me hiciste el test vocacional y dijiste que yo tenía futuro como analista de sistemas... Y como un boludo fui y me inscribí en la UTN. Once años después de recibirme, me termino dando cuenta de que mi vocación siempre fue la hotelería... No te lo voy a perdonar... Desperdicié mi vida por tu culpa". Bruce trata de calmarlo: "Anotate en una privada, goma, dale, haceme caso, estás a tiempo".
Al poquito tiempo, ponele un año, Bruce Willis tiene de paciente a Gamuza, un nene de 10 años que todavía usa pelela y se chupa el dedo gordo. No tiene ningún amigo y su madre se preocupa: "El nene no me come". Muy conflictuado el pendejo. Además, sus compañeros de escuela le pegan, le pegan figuritas, le pegan canciones de Miranda!, de Airbag, de todo le pegan. A todo esto, Bruce Willis tiene que lidiar con la crisis que está viviendo con su mujer, quien empezó a tomar anti depresivos.
Esta escena ya pasó a convertirse en un clásico. Gamuza le pide a Bruce Willis que lo tape con la frazada. Hace frío. El pibe larga humito por la boca. Bruce Willis bromea: "Jeje, aflojá con el faso". Pero Gamuza pobrecito está muy perturbado, más que ayer (ah re que no me salió el chiste de más-turbado) y dice, casi en un susurro, casi inaudible… "Alcides ritmo"
"Posta, boludo, veo fiambres en todos lados". "Mi tío también", dice Bruce Willis, "era carnicero". A lo que Gamuza responde: "No seas pelotudo... veo finados por todas partes, y me hablan, me dicen 'Si tu papá mata un chancho... ¿Vos te asustás?', y más vale que yo me asusto".
"En vez de pelearse con los muertos y tenerles miedo, hablen con ellos, por ahí necesitan que les hagan alguna gauchada para poder descansar en paz".
Así, Bruce Willis y Gamuza (por intermedio de éste último) empiezan a prestar atención a los reclamos de los muertos, y los ayudan con esos asuntos que les hace imposible dejar este mundo. Juntos liquidan aquellas cuestiones que los muertos dejaron inconclusas: -Rebobinar y devolver películas a Blockbuster. -Darle de comer al canario. -Cambiar el agua de los floreros. -Avisar en casa: "Che, vieja, no me esperes a comer porque me morí, eh" -Sacar la basura. -Cerrar la sesión de Messenger.
Vamos llegando al final. Gamuza ya está feliz y se acostumbró a ver fantasmas; el tratamiento psicológico terminó. Acá se produce un giro inesperado.
"Estoy muerto". Se da vuelta y ve en el espejo el reflejo de su espalda acribillada. El se podía comunicar con Gamuza porque era otro muerto más, de aquel día en que su ex-paciente le pegó un tiro. Un plato. Si bueno esto fue Sexto Sentido, espero que lo hayan disfrutado. Estén atentos cuándo la dean por cable. |
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